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viernes, 20 de noviembre de 2015

Fuente: http://www.torange-es.com/Objects/way-of-life/Roto-TV-3496.html

No. No, así no. La cobertura informativa (que no mediática) sobre los atentados del 13-N en París y los sucesos posteriores que se relacionan con los ataques, está dejando mucho que desear.
En primer lugar la propia noche en la que se producen los atentados. Sólo el Canal 24 horas de TVE y 13 TV (cadena propiedad de la Conferencia Episcopal) daban cumplida información acerca de lo que estaba sucediendo. Antena 3 interrumpió su programación unos minutos para ofrecer un resumen informativo. Se ha criticado la cobertura de TVE porque los tertulianos que estaban presentes en plató (y que se comieron un buen marrón) daban mucha opinión, en la mayoría de casos infundada, y daban pábulo a rumores que surgían por las redes sociales. Pero al menos estaban presentes. Porque podemos disentir y opinar que se debería de haber traslado a La 1 dada la importancia de los acontecimientos, y que como ente público su obligación es informar puntualmente, pero al menos estaban ahí, y si comparamos con el resto ganan por goleada.
Cosa distinta fue la radio. Su mínima infraestructura necesaria (con un móvil se puede realizar una conexión) le otorga una flexibilidad y una capacidad de reacción muy superior a cualquier otro medio tradicional.
Por último se encontraban las redes sociales. Tremendamente inmediatas pero con un gran peligro, su facilidad de uso es proporcional a la facilidad para colar contenido falso, inexacto o inadecuado; y que ese contenido se dé por bueno, sin comprobar ni contrastar, como así ocurrió.
Yo, por si interesa, recurrí a un combo de televisión (Canal 24 horas), radio y Twitter.
Esa noche salieron a relucir algunas de las miserias de los mass media. En primer lugar: los recortes y la falta de inversión en corresponsales y personal especializado conlleva que las televisiones no pudieran hacer frente a unos acontecimientos que, probablemente, supongan un punto de inflexión. Prefirieron, con la excepción de Antena 3, seguir con la programación (casi toda enlatada) y presentar al día siguiente, como hizo Mediaset, unas sonrojantes excusas.
Fuente: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article94723

Segundo: como ya he comentado de los tertulianos de La Noche en 24 horas, cualquier información vertida en redes sociales se daba por buena. Es tarea del periodismo, y así se ha manifestado en numerosas ocasiones, contrastar y separar la información de aquello que no lo es. Pero nada. La urgencia y la necesidad de ser el primer medio en publicar un dato nuevo lleva a que se olvide la razón crítica y se publique a toda mecha y, en el mejor de los casos, rectificar después (de disculparse ni hablamos). Son empresas, sí, pero no siempre el resultado económico es lo fundamental.
Tercero: No fue algo puntual. Los sucesos en Hannover volvieron a dejar al aire las vergüenzas del periodismo. Tras la suspensión del partido entre las selecciones de Alemania y Holanda, se especuló con las causas y convirtieron un paquete sospechoso en una ambulancia-bomba. Finalmente se confirmó que no habían explosivos en Hannover. Ni en el estadio, ni en la estación ni en una sala de conciertos, éstas desalojadas.
Entre medias varias meteduras de pata, algunas muy sonadas y que se han convertido en objeto de burla a través de memes que han inundado las redes sociales. Confundir el logo del ISIS con el de la Alianza Rebelde de Star Wars, o anunciar la muerte de dos compatriotas (siendo esto mucho más grave) solo significa que se trabaja con una tremenda improvisación.
Fuente: @yisucrist

Afortunadamente todavía quedan buenos profesionales del periodismo. En primer lugar en la radio. Los informativos especiales, a pesar de ir arrastrados por los acontecimientos, se agradecía cierta capacidad de análisis. También, por la propia naturaleza del medio, los medios escritos. Con calma todo se ve mejor. Enric González en El Mundo o Íñigo Sáenz de Ugarte en eldiario.es o su blog Guerra Eterna, son buenos ejemplos.
Si no me equivoco la palabra más repetida en este post es "informar" y/o "información". Creo que es la clave. Bastante psicosis se está generando (las falsas alarmas son constantes) como para que los medios en vez de trasladarnos veramente lo que ocurre nos intoxiquen (algunos emplean el término "infoxicación") y aumenten el caos.
Durante algunos momentos parecía que había quien deseaba que en Hannover estallara una bomba. Y así no.

lunes, 16 de noviembre de 2015

PARÍS JE T’AIME


Sí, este es otro artículo de opinión acerca de los atentados que el viernes 13 de noviembre (la fecha, como en otros atentados en Occidente, no es casual) provocaron el caos en la capital gala y han inoculado el virus del miedo en el resto de países del entorno, entre ellos España, claro está.
Mucho se ha debatido ya acerca de la avalancha mediática que han provocado los ataques en contraposición con la ligereza que estos mismos atentados (o peores) en los países de Oriente Próximo y Medio tienen en los informativos occidentales. ¿Estamos clasificando muertos de primera y de segunda?
Vaya por delante que a mí sí que me producen más temor los atentados en París que en Beirut, por ejemplo, aunque la congoja por las personas inocentes que son asesinadas sea exactamente igual. Y me producen mucho temor porque son a la vuelta de la esquina. Ha sido París, como anteriormente fue Madrid. Y como puede ser (espero enfervorecidamente que no) Barcelona o Valencia. Y me preocupa porque hasta hace unos meses tenía familiares viviendo en París (incluído niños) y porque tengo familia aún residiendo en Francia, el país que parece, a priori, el más amenazado de Europa.
Además, ¿quién no ha ido a un concierto? ¿Quién no ha ido a ver un partido de fútbol a un estadio? ¿Quién no se ha tomado un café en un bar o ha ido a cenar fuera? Esa sensación de vulnerabilidad, empatizar con las víctimas y pensar que podríamos ser nosotros, es una sensación muy poderosa.
No, para mí no hay muertos de primera y segunda, hay cercanía y lejanía, y al igual que pasa con todo aquello que está lejos, nos importa menos que lo inmediato.
Los atentados en París han servido para que recordemos lo que otros países están viviendo ¡a diario!, conviven con terroristas y en cualquier momento, mientras realizan sus quehaceres, pueden morir. Pasamos de soslayo sobre cinturones bomba en mercados, coches que explotan contra bases militares, y matanzas contra inocentes. No sé si está sensación de unidad frente al terror será duradera, pero mucho me temo que alcanzará hasta que nos desembaracemos del miedo.
Aparte de la amenaza terrorista, me preocupa en nuestros dirigentes la escala del lenguaje bélico, que ha tenido una primera reacción en un bombardeo en Siria. Hay quien dice que estamos dentro de una guerra, un nuevo tipo de guerra, y que no nos hemos percatado. Soy consciente que hoy por hoy las soluciones dialogadas pueden servir de poco, pero desde luego un bombardeo no ayuda a mejorar las cosas. Seguro.
Y entre tanto los medios de comunicación repiten con el rito que ya hemos visto (por desgracia) otras veces. Tras el shock inicial empiezan a mostrar imágenes cruentas de los ataques. Las redes sociales se han convertido en una buena fuente de estas imágenes. No es difícil encontrar un programa en televisión que las repita en bucle. También están los diarios, ahora los digitales, que le ponen rostro a la tragedia. “ Fulanit@, tantos años, trabajaba de…, y le regalaron unas entradas para ir a la discoteca”.

Tocan vivir tiempos duros, y toca pensar si nuestros privilegios (aquellos que nos otorga vivir en la Europa avanzada) deberían ser compartido, incluso entre los que hace años que viven con nosotros. La prueba está en que los terroristas eran ciudadanos europeos. O eso nos han contado.

Fuente de la imagen: http://mundoimagenes.org/wp-content/uploads/2015/11/Francia-Luto-7694631.jpg

 
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